Mijo


Mijo

El mijo fue una de las primeras plantas domesticadas y sigue siendo un cultivo básico tradicional para millones de personas, especialmente en el África subsahariana y Asia. Puede prosperar en suelos pobres, resistir o tolerar numerosas enfermedades y plagas de los cultivos y es resiliente ante condiciones climáticas adversas. El mijo puede ser una alternativa para ayudar a superar la escasez de alimentos en períodos difíciles, contribuyendo así a la seguridad alimentaria y la nutrición de poblaciones vulnerables.

Este cereal tiene gran importancia a nivel mundial, pues gracias a sus características físicas y de desarrollo puede prosperar en tierras áridas con una cantidad de insumos como agua y fertilizantes mínimos. Por ello es una excelente alternativa para afrontar los estragos generados por el calentamiento global.

Según datos de la FAO, el término “mijo” abarca un grupo diverso de cereales de grano pequeño de tierras secas.

Dentro del cultivo del mijo existen muchas variedades, como por ejemplo el mijo perla, el mijo de cola de zorra, el mijo proso, el mijo japonés, el mijo pequeño, el mijo koda, el mijo marrón, el mijo africano y el mijo de Guinea, entre otros. También se consideran variedades de mijo el fonio blanco, el negro, el cereal denominado “lágrimas de Job”, el tef (que se cultiva en Etiopía) e incluso el sorgo.

La diversidad genética del mijo ofrece multitud de oportunidades de desarrollo económico mediante actividades generadoras de ingresos en el sector alimentario. 

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