Este artículo analiza la situación actual y las perspectivas de futuro en la producción, la comercialización y el consumo de aceites vegetales en España y en el mundo.
La tendencia en aceites vegetales se enfoca en la salud, la sostenibilidad, la innovación tecnológica y la diversificación de opciones, con un creciente interés por aceites con beneficios específicos y métodos de producción respetuosos con el medio ambiente.
Las previsiones apuntan hacia un incremento en el consumo de aceite de oliva en los próximos años, ya que los consumidores valoran sus beneficios para la salud y la popularidad de la dieta mediterránea, lo que repercutirá en el mercado de los aceites vegetales, con una disminución de la demanda de estos en global y una tendencia hacia aceites más saludables como el de oliva, el de soja y el de girasol.
El precio y la accesibilidad son la tónica que domina en el empleo de grasas vegetales, aunque existen muchos países, especialmente en el centro y norte de Europa, además de Estados Unidos, donde las grasas animales, pese a sus efectos adversos para la salud, siguen siendo muy utilizadas, tanto en el consumo de los hogares como en la restauración.
En 2025, la gastronomía apunta a una creciente tendencia hacia aceites vegetales con beneficios para la salud, como el de oliva, aguacate y sacha inchi, ricos en Omega 3 y con propiedades antiinflamatorias. También se observa una preferencia por aceites ecológicos y sin organismos genéticamente modificados, a la par que la nanogastronomía (aplicación de la tecnología molecular para manipular texturas y sabores) está explorando nuevas texturas y sabores en aceites como el de oliva, con multitud de aplicaciones en alta cocina.
En este sentido, se resaltan los aceites ricos en ácidos grasos insaturados, como el de aguacate, sacha inchi, y colza por sus propiedades antiinflamatorias y beneficios cardiovasculares. La legislación está ampliando el abanico de aceites vegetales permitidos, incluyendo opciones como el aceite de semilla de cáñamo, almendra, avellana, nuez, pistacho y aguacate.
En resumen, la tendencia en aceites vegetales se enfoca en la salud, la sostenibilidad, la innovación tecnológica y la diversificación de opciones, con un creciente interés por aceites con beneficios específicos y métodos de producción respetuosos con el medio ambiente.
El aceite de oliva no es sino una pequeña gota en un enorme mar de grasas vegetales. En 2024 se produjeron en el mundo un total de 228 millones de toneladas, por lo que los 3-3,5 millones de toneladas del aceite de oliva de producción media quedan diluidos en el comercio internacional. El aceite de oliva supone algo menos del 1,5% del total y un 1,3% si tenemos en cuenta las grasas animales (mantequilla, sebo de cerdo y vacuno y aceites de pescado) cuya producción total se acerca a los 33 millones de toneladas.
Las autoridades de la Unión Europea prevén que el consumo de aceite de oliva se incrementará en los próximos años, ya que los consumidores valoran sus beneficios para la salud y la popularidad de la dieta mediterránea, lo que repercutirá en el mercado de los aceites vegetales, con una disminución de la demanda de estos en global y una tendencia hacia aceites más saludables como el de oliva, el de soja y el de girasol.
También se prevé que el aceite de oliva reemplazará a otros aceites vegetales en el consumo de alimentos, sobre todo fuera de los principales países productores, impulsado por una imagen saludable y una creciente popularidad de las diversas cocinas mediterráneas. Una creciente demanda de aceite de oliva que servirá para aumentar la expansión del cultivo del olivo en los principales países productores, hasta llegar a cerca de cinco millones de hectáreas antes de 2032.
El aumento del consumo del aceite de oliva es tendencia a nivel global y los datos del Consejo Oleícola Internacional muestran un fuerte aumento del consumo en la mayoría de los países europeos durante las últimas tres décadas, en especial en Alemania y Países Bajos.
En tres décadas, el consumo de aceite de oliva en los países no productores de la UE ha aumentado de 21.400 a 162.700 toneladas y el de países no productores fuera de la Unión Europea se ha cuadruplicado, pasando de 246.000 a 1,1 millones de toneladas. En la próxima década, la UE estima que la demanda de aceites vegetales se verá significativamente afectada por la producción de biodiésel, especialmente el aceite de colza.
Como resultado, el mercado de aceite de girasol crecerá sólo en Hungría y Alemania, mientras que la demanda se estancará en el resto de la Unión Europea, debido a la preferencia de los consumidores por aceites más saludables, especialmente en Francia, se prevé un aumento de la demanda de aceite de soja, además del aceite de oliva.
En esta política se sitúa también el cambio de los aceites vegetales utilizados en los alimentos, penalizando el aceite de palma, con un aumento del 12,6% para el aceite de colza, un aumento del 27,5% para el aceite de girasol y una caída del 23,5% para el aceite de soja y del 35,70% para el aceite de palma.
Dependiendo de las campañas, España es el primero o uno de los primeros países del mundo productores de aceite de oliva y también el que cuenta con una mayor superficie de olivar.
La producción española de aceite de oliva representa aproximadamente el 65% de la comunitaria y el 25% de la mundial, pues en los últimos años ha aumentado más la producción de los países terceros.
En 2024, la superficie de olivar censado por el Ministerio de Agricultura se elevó a 2.827.147 hectáreas, un 1% más que un año antes. De esa superficie productiva, 1,92 millones de hectáreas eran tierras de secano y el resto de regadío. Asimismo, de la superficie total (en producción o no), el grueso (2,48 millones de hectáreas) eran olivares destinados a la producción de aceite; 88.995 hectáreas a la producción de aceituna de mesa y 251.551 hectáreas eran de doble aptitud (mesa o producción de aceite).
La producción de aceite de oliva 2024 a efectos de calcular la renta agraria anual tuvo una evolución muy positiva, al contrario de lo que sucedió en el año anterior. Estos datos del Ministerio de Agricultura no se corresponden con la evolución de la campaña 2024/2025, sino con la anterior 2023/2024.
En este sentido, en cantidad la producción de aceite de oliva aumentó a efectos de calcular la renta un 27%, mientras que los precios subieron de media un 17,2%. El valor generado por el sector del aceite de oliva se incrementó significativamente (un 48,8 %) y se situó en 3.695,7 millones de euros.
Con respecto a las campañas de producción de aceite de oliva, en la 2023/2024 esta alcanzó un volumen cercano 854.000 toneladas. Por su lado, la producción en la campaña 2024/2025 se incrementó significativamente y llegó a 1,415 millones de toneladas.
Andalucía volvió a recuperar posiciones en el ranking de regiones productoras de aceite de oliva, alcanzando en la campaña 2023/2024 el 68% del total. A continuación se situó Castilla-La Mancha (12,7%), Extremadura (8%) y Cataluña (3,8%). Por su lado, en la campaña 2024/2025, Andalucía produjo el 80,7% del total, Castilla-La Mancha el 10,3%, Extremadura el 5,5% y Cataluña el 1% del total nacional.
Por su parte, las primeras estimaciones sobre la producción de aceite de oliva para la campaña 2025/2026 apuntan a unos valores similares a los correspondientes a la que finalizó el 30 de septiembre.
El aforo publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a primeros de octubre recoge una producción cercana a 1.372.000 toneladas, lo que supone un leve descenso del 3% con respecto a la cosecha anterior, pero un 19% por encima de la media de las últimas seis campañas, que estuvieron mermadas por la sequía, especialmente las de 2023/2024 y 2022/2023.
Por territorios, la estimación refleja un descenso del 5% en Andalucía, la comunidad más productora, donde se pueden alcanzar 1.080.900 toneladas, en torno al 79% del total nacional. También descenderá la producción en la segunda región productora, Castilla-La Mancha, donde se prevén 121.500 toneladas, un 17% menos que en la campaña 2024/25. En Extremadura, tercera comunidad productora, se espera por el contrario un incremento en torno al 3%, para una producción estimada en 80.500 toneladas.
La importancia económica del sector del aceite de oliva en la renta agraria comunitaria es mucho menor que en España, a pesar de que varios países de la Unión Europea son grandes productores.
Según las estimaciones de la Comisión Europea publicadas a efectos de calcular la renta agraria comunitaria, el aceite de oliva representaba en 2024 cerca del 1,6% de la Producción Agraria final, con un valor cercano a los 8.500 millones de euros.
La producción de aceite en la UE en la campaña 2023/2024 ascendió a algo más de 1,53 millones de toneladas, un 10% más que en la campaña anterior. El aumento de la producción comunitaria en esa campaña fue consecuencia principalmente de los buenos resultados en España. Por su lado, en la campaña 2024/2025, la producción de aceite de oliva aumentó hasta los 2,1 millones de toneladas, también debido a la recuperación de la producción española.
Además de España, que ocupa el primer lugar en producción con mucha diferencia respecto al resto, los otros países productores de aceite de oliva de la UE son Italia, Grecia, Portugal, Francia, Chipre, Malta, Croacia y Eslovenia.
A este respecto, en la campaña 2023/2024, la producción de Italia fue de 328.500 toneladas, mientras que la de Grecia quedó en 192.000 toneladas y la de Portugal en 160.960 toneladas. Además de estos países, también hay producción de aceite de oliva de interés en Francia, Croacia y Eslovenia. Por su lado, en la campaña 2024/2025, la producción de Italia descendió a 248.000 toneladas, mientras que la de Grecia quedó en 250.000 toneladas, según datos de la Comisión.
Por su parte, el consumo de la UE durante la campaña 2023/2024 aumentó hasta los 1,24 millones de toneladas, mientras que en la campaña 2024/2025 se volvió a incrementar hasta los 1,41 millones de toneladas, según datos de la Comisión Europea. Los países que más aceite de oliva consumen son España e Italia. También otros países productores como Grecia, Francia o Portugal son grandes consumidores y entre los países comunitarios no productores, destaca por su consumo Alemania.
Las exportaciones de aceite de oliva las encabeza la Unión Europea (España, Italia, Grecia y Portugal acaparan la práctica totalidad) con 675.000 toneladas, por delante de Túnez con 220.000 toneladas, Turquía con 180.000 toneladas, Siria con 70.000 toneladas y Argentina con 25.000 toneladas.
España exporta en un año de buena cosecha más de un millón de toneladas de aceite de oliva, la mayor parte con destino a sus socios europeos. Las importaciones llegan en los Estados Unidos hasta las 410.000 toneladas, por delante de la UE con 200.000 toneladas, Brasil con 90.000 toneladas, Reino Unido con 75.000 toneladas, Japón con 60.000 toneladas, Canadá con 50.000 toneladas y China con 40.000 toneladas.
El controvertido aceite de palma, cuestionado en diversas instituciones comunitarias por su amplísimo uso industrial en pastelería y repostería poco saludables, acapara casi 79 millones de toneladas, de las que Indonesia produjo en 2024 un total de 46 millones, seguida de Malasia con 19,50 millones, Tailandia con 3,33 millones, Colombia con 1,90 millones y Nigeria, con 1,50 millones de toneladas.
En aceite de soja, cuya producción subió hasta los 65,50 millones de toneladas, China es la primera productora con 18,50 millones de toneladas, por delante de Estados Unidos con 12,90 millones, Brasil con 11,00 millones y Argentina con 8,70 millones, mientras la Unión Europea supera ya los 3,00 millones de toneladas.
La producción de colza supera los 34 millones de toneladas con Canadá al frente con casi 18 millones de toneladas, seguido de China con 15,50 millones, India con 12,00 millones, Australia con 5,50 millones, Rusia con 5,00 millones y Alemania y Francia con 4,00 millones en cada caso, en una Unión Europea que se ha acercado, en un año adverso, a los 18 millones de toneladas, cifra parecida a la canadiense.
La cosecha de aceite de girasol ha alcanzado los 20,50 millones de toneladas con Rusia a la cabeza con 6,70 millones de toneladas, seguida de Ucrania con 5,40 millones, la Unión Europea con cerca de 8,00 millones de los que 1,70 millones corresponden a Hungría y Francia y Rumanía apenas llega a 1,20 millones, mientras Argentina se quedó en 1,57 millones de toneladas.
El aceite de palmiste ha ascendido hasta los 9,50 millones de toneladas en el mundo con el primer puesto para Indonesia con 5,25 millones de toneladas, por delante de Malasia con 2,15 millones, Nigeria con 0,46 millones y Tailandia con 0,44 millones de toneladas.
El aceite de cacahuete o maní ha llegado en 2024 hasta los 8,00 millones de toneladas con el liderazgo para China con 3,11 millones de toneladas, India 1,26 millones y Myanmar con 0,27 millones de toneladas.
La producción de aceite de algodón alcanzó en 2024 los 5,50 millones de toneladas, con liderazgo para China con 1,46 millones de toneladas, seguida de India con 1,30 millones, Brasil con 0,81 millones, Pakistán con 0,36 millones y Turquía con 0,24 millones de toneladas.
La producción de aceite de coco ha subido hasta los 3,90 millones de toneladas con el liderazgo para Filipinas con 1,60 millones de toneladas, seguido de Indonesia con 1,03 millones, India 0,57 millones, Papúa Nueva Guinea con 0,46 millones y Sri Lanka y Tailandia con 0,44 millones de toneladas en cada caso. Otras producciones interesantes fueron los 2,60 millones de toneladas de aceite de maíz, amén de aceites de nueces, cáñamo o pepita de uva entre otros.
Para entender el fenómeno del aceite de palma, totalmente denostado en los países occidentales, hay que partir de que es un cultivo originario del golfo de Guinea, en el África Occidental, que se ha extendido por todas las zonas tropicales del mundo y su cultivo es el que registra mayor productividad por unidad de superficie, un menor coste de producción y una amplísima diversidad de usos, lo que le convierte de hecho en la fuente principal de aceites vegetales en el mundo.
De la pulpa de sus frutos se extrae el conocido como aceite de palma, el que ostenta el liderazgo mundial con casi 79 millones de toneladas, destinado a alimentación y usos industriales. Pero, además, dentro de la pulpa se encuentra una nuez o almendra de cáscara dura, su semilla, de la que se obtiene el aceite de pepita de palma o palmiste, utilizado sobre todo en alimentación animal, pero que también alcanza una producción ligeramente superior a los 9,50 millones de toneladas de aceite. La producción de frutos de la palma es continua durante todo el año, aunque entre los meses de mayo y noviembre se produce el mayor rendimiento, con lo que los mercados son testigos durante ese periodo de una lucha feroz entre el aceite de palma y el aceite de soja.
El aceite de palma se caracteriza cuando es puro por un color anaranjado muy fuerte debido al elevado contenido en caroteno, que llega a alcanzar los 700 miligramos por litro, característica que es muy apreciada en algunos países consumidores, pero escasamente demandada en los importadores que apuestan por el aceite refinado, de menor sabor y escasos carotenos. Es muy utilizado para ensaladas, margarinas, mantequillas y bollería al mantenerse en estado semisólido sin necesidad de proceder a su hidrogenización.
Durante la polémica, algunos científicos aseguran que el aceite de palma no es malo de por sí, especialmente su primera extracción que tiene un excelente uso alimentario, sino a partir de su refinado, muy empleado en pastelería y bollería industrial de todo el mundo gracias a su textura y a sus precios tan competitivos.
El uso de los aceites ha condicionado, en buena parte, las orientaciones gastronómicas de los diferentes países, especialmente los productores como es el caso de Malasia e Indonesia, pero también han supuesto la exportación de una cultura diferente a lugares como India que importa 9,40 millones de toneladas; China que importa 5,15 millones de toneladas o la Unión Europea que adquiere más de 4 millones de toneladas y ha llegado hasta los 7 millones hace algunos años, ya que el uso del aceite de palma es frecuente en bollería y existe, además, una tradición gastronómica en países como Holanda donde los restaurantes indonesios forman parte de la cultura del país, ya que fue antigua colonia. Otros importadores fuertes son Pakistán con 3,30, Estados Unidos con 1,90 millones de toneladas, Bangladesh con 1,60 millones o Egipto con 1,20 millones de toneladas.
Las exportaciones las lidera Indonesia con 22,60 millones de toneladas por 15,90 millones de toneladas de Malasia. Muy lejos se sitúan Guatemala, con 950.000 toneladas, Tailandia con 900.000 toneladas y Papúa Nueva Guinea, con 820.000 toneladas, según cifras del USDA para la campaña 2024.


El sector de la soja ha sufrido una gran transformación en los últimos 25 años como consecuencia, sobre todo, del auge y extensión del cultivo por casi toda la geografía estadounidense, hecho al que ha contribuido el incremento de la productividad lograda con la modificación genética. Asimismo, otros países como Argentina o Brasil han impulsado el cultivo que ha contado, además, con el incremento de la demanda en China.
Aunque la utilización de la soja en la fabricación de biodiesel y el destino de la torta de soja para alimentación del ganado han sido dos importantes impulsos para el cultivo, su uso como grasa vegetal ha ido paralelo a los otros y ha crecido muy rápidamente hasta situarse como el segundo aceite más utilizado con una producción total de más de 65 millones de toneladas.
Las exportaciones de aceite de soja de Argentina ascendieron durante 2024 a 5,80 millones de toneladas, seguida de Brasil con 1,55 millones de toneladas, mientras la Unión Europea superó las 950.000 toneladas, Rusia las 750.000 toneladas, Paraguay las 580.000 toneladas y Bolivia las 480.000 toneladas. En el lado de los importadores, India, con 3,80 millones de toneladas, se sitúa en primer lugar, seguida de Canadá con 700.000 toneladas; Bangladesh y la Unión Europea con 650.000 toneladas, en cada caso; Perú con 590.000 toneladas, Marruecos con 560.000 toneladas y China con 500.000 toneladas.
Aunque el aceite de colza es uno de los aceites vegetales más recomendados para su uso en cocina, su nombre cayó en desgracia en España como consecuencia de la adulteración de aceite de oliva con aceite de colza desnaturalizado (industrial), que supuso un envenenamiento masivo, con cientos de muertos y damnificados, en la España de la transición. Desde entonces, este cultivo, eminentemente popular en Alemania y Francia, cuenta con una “leyenda negra” en nuestro país, que no se corresponde con la realidad. Buena prueba, sin embargo, de su popularidad en el mundo es que la producción asciende a 34,00 millones de toneladas.
Su magnífica aceptación en la cocina, especialmente para la fritura, y sus buenos aportes para la salud lo han hecho muy popular en diversos países del mundo, especialmente en la Unión Europea que, con 10,00 millones de toneladas de producción y casi medio millón toneladas de compras en el extranjero, se erige en el mayor consumidor del mundo.
Las exportaciones las encabeza Canadá con 4,10 millones de toneladas, seguida de Rusia con 1,35 millones, la UE con 600.000 toneladas, Bielorrusia con 590.000 toneladas, Emiratos Árabes Unidos con 325.000 toneladas, Ucrania con 240.000 toneladas y Australia con 210.000 toneladas. Las importaciones las lidera Estados Unidos con 3,66 millones de toneladas, seguida de China con 1,75 millones, Noruega con 475.000 toneladas, la UE con 450.000 toneladas, México con 225.000 toneladas, Corea del Norte con 155.000 toneladas y Reino Unido y Rusia con 150.000 toneladas en cada caso.
El aceite de girasol es una de las grasas más populares en el mundo occidental, máxime después del fomento del elaborado como alto oleico, con una composición similar en grasas buenas que el aceite de oliva. Su menor coste frente a éste le ha situado como un perfecto sustituto en muchas mesas españolas, también europeas y con gran proyección en algunos otros países del mundo como Argentina.
La producción mundial actual de aceite de girasol se encuentra por encima de los 20 millones de toneladas. Las exportaciones de aceite de girasol las encabeza Ucrania, con 5,00 millones de toneladas, seguida de Rusia con 4,18 millones de toneladas, Argentina, con 900.000 toneladas, la Unión Europea con 650.000 toneladas, Turquía con 600.000 toneladas, Kazajistán con 300.000 toneladas y Moldavia, Bolivia y Serbia con 135.000 toneladas cada una.
Las importaciones las lidera la UE con 2,18 millones de toneladas, seguida de India con 1,90 millones, Turquía con 1,25 millones, China con 1,10 millones, Irán con 750.000 toneladas, Egipto con 550.000 toneladas, Irak con 475.000 toneladas y Uzbekistán con 300.000 toneladas.
El aceite de girasol acapara en España el 33% de la cuota de mercados de aceites comestibles con un consumo aproximado de 281.000 toneladas, según datos de la Asociación Nacional de Industriales Envasadores y Refinadores de Aceites Comerciales (Anierac), lo que supone un consumo superior a los tres litros por persona y año, cifra que nos convierte en el cuarto consumidor de aceite de girasol del mundo, sólo superados por Rusia, Turquía e India, según datos del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM).
Con cerca de 4 millones de toneladas de producción, el aceite de coco se ha vuelto un producto muy popular en diversos países y es la Unión Europea con 645.000 toneladas y Estados Unidos con 465.000 toneladas los que lideran las importaciones por delante de China con 200.000 toneladas, Malasia con 190.000 toneladas y Sri Lanka e Indonesia con 70.000 toneladas cada una.
Las exportaciones mayores corren a cargo de Filipinas con un millón de toneladas, seguida de Indonesia con 700.000 toneladas, Malasia con 145.000 toneladas, Papúa Nueva Guinea con 45.000 toneladas y la Unión Europea con 30.000 toneladas.
El aceite de algodón, con casi 5,00 millones de toneladas de producción tiene también sus predicamentos en algunos países con un mercado que comanda Benín con 21.000 toneladas, seguido de Brasil con 15.000 toneladas, Estados Unidos con 14.000 toneladas y Kazajistán con 9.000 toneladas, mientras las importaciones las lidera Australia con 20.000 toneladas, por delante de México con 10.000 toneladas, Canadá y Uzbekistán con 6.000 toneladas cada una y Malí, la UE e India con 5.000 toneladas.
El aceite de maíz, con alrededor de 2,50 millones de toneladas de producción, cuenta con bastante aceptación en mercados como el mexicano que manda en las compras con 24.500 toneladas, por delante de la UE con 19.500 toneladas, Japón con 15.300 toneladas, China con 13.000 toneladas y Corea del Sur y Vietnam con 11.500 toneladas. Las exportaciones las encabeza Estados Unidos con 62.300 toneladas, seguido de Brasil con 47.000 toneladas, Argentina con 36.000 toneladas y Ucrania, Paraguay y Rusia con 3.300 toneladas cada uno.
El aceite de cacahuete o maní, con una producción de 8,00 millones de toneladas, lo comanda Brasil con 140.000 toneladas exportadas, por delante de India con 100.000 toneladas, Argentina con 75.000 toneladas, Malí con 19.000 toneladas, Nicaragua con 13.000 toneladas y Senegal y China con 10.000 toneladas. Las compras corresponden a China con 250.000 toneladas, seguida de la UE con 55.000 toneladas, Estados Unidos con 27.000 toneladas y Hong Kong con 15.000 toneladas.
En definitiva, los aceites vegetales más consumidos en España son el de oliva, común en toda la cuenca mediterránea y con enorme arraigo en los países productores, el de girasol por precio y versatilidad y de manera minoritaria maíz, soja y pepita de uva. En la Unión Europea, la colza continúa gozando de gran predicamento.
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