Garantizar la sostenibilidad alimentaria requiere de perspectivas con ópticas plurales y multiactor, donde todos los agentes de la cadena alimentaria puedan establecer sus reflexiones y participen en las negociaciones y posibles acuerdos que de ellas deriven. Desde esta óptica surge el proyecto COMENSAL, un esfuerzo colectivo, mediante un experimento social a través de la técnica cualitativa de «talleres participativos», dirigido a crear una ventana de negociación entre los diferentes agentes de la cadena. En definitiva, un espacio donde se pudiera reflexionar sobre los principales obstáculos y oportunidades en el camino hacia la sostenibilidad alimentaria en Asturias.
El resultado de este experimento muestra que los agentes están preocupados y comprometidos con una alimentación sostenible, pero sus diferentes situaciones y relaciones dentro del sistema afectan a las valoraciones sobre la transformación de sus prácticas. En concreto, en este artículo se exponen las principales temáticas dialogadas colectivamente por los agentes en el camino hacia la sostenibilidad.
Sonia Otero Estévez
Sandra Sánchez Sánchez
Grupo de Investigación en Sociología de la alimentación. Departamento de Sociología. Universidad de Oviedo

Resumen: Garantizar la sostenibilidad alimentaria requiere de perspectivas con ópticas plurales y multiactor, donde todos los agentes de la cadena alimentaria puedan establecer sus reflexiones y participen en las negociaciones y posibles acuerdos que de ellas deriven. Desde esta óptica surge el proyecto COMENSAL, un esfuerzo colectivo, mediante un experimento social a través de la técnica cualitativa de «talleres participativos», dirigido a crear una ventana de negociación entre los diferentes agentes de la cadena. En definitiva, un espacio donde se pudiera reflexionar sobre los principales obstáculos y oportunidades en el camino hacia la sostenibilidad alimentaria en Asturias. El resultado de este experimento muestra que los agentes están preocupados y comprometidos con una alimentación sostenible, pero sus diferentes situaciones y relaciones dentro del sistema afectan a las valoraciones sobre la transformación de sus prácticas. En concreto, en este artículo se exponen las principales temáticas dialogadas colectivamente por los agentes en el camino hacia la sostenibilidad.
Palabras clave: Sostenibilidad alimentaria, perspectiva multiactor, metodología participativa, sistema agroalimentario, negociación colectiva.
El enfoque de análisis tradicional académico de la sostenibilidad alimentaria se ha centrado en los intereses individuales de empresas o negocios. En particular, desde una lente que observa a los agentes del sistema de forma atomizada, es decir, sin tener en cuenta las relaciones entre los mismos. La literatura académica más reciente evidencia la necesidad de modificar esta óptica de análisis y adoptar una perspectiva más amplia y multiactor, donde el problema sea visionado desde las lentes de todos los agentes y la interconexión entre los mismos. Esto permite abordar los problemas del sistema de forma relacional, es decir, tal y como se producen en la realidad y no de forma aislada como venía sucediendo (McGreevy et al., 2022; Lang, 2012).
Se requiere de un esfuerzo colectivo por varias razones. En primer lugar, porque la sostenibilidad, en general, y en particular la sostenibilidad alimentaria son problemas con una dimensión temporal y una espacial. Por una parte, en términos temporales, lograr una alimentación sostenible es el desafío que tiene que enfrentar la sociedad actual y que será el reto futuro de las siguientes generaciones. Por otra parte, en términos espaciales, el problema de la sostenibilidad es general para todo el planeta y afecta a la humanidad a nivel global.
El gasto desorbitado de los recursos finitos que ofrece el planeta está generando problemas medioambientales -entre los que se encuentran el cambio climático, el deterioro ecológico, el abandono del entorno rural, además de aquellos referidos a la salud humana- que afectan a todos los territorios en mayor o menor medida y que lo hacen de forma irreversible (FAO et al., 2023; OECD, 2017). En definitiva, porque afecta al conjunto de la humanidad, tanto en extensión temporal como en extensión espacial.
De ahí que los organismos internacionales hayan comenzado a reconocer la emergencia de abordar las cuestiones relacionadas con la sostenibilidad, para responsabilizarse y combatir las consecuencias de no hacerlo: poner en riesgo la supervivencia de las generaciones presentes y futuras (European Commission, 2020). Sin embargo, el sistema no está respondiendo con la rapidez y la eficacia necesarias. Aunque existe consenso sobre el diagnóstico de la situación, garantizar una alimentación sostenible para las generaciones presentes y futuras no es una tarea sencilla (McGreevy et al., 2022; Hamam et al., 2021).
En segundo lugar, requiere de un esfuerzo colectivo porque el sistema alimentario se compone de un conjunto de agentes con intereses que, en muchas ocasiones, están enfrentados. Esto hace que los agentes aborden habitualmente el problema de la sostenibilidad alimentaria de forma individual. Además, apenas existen espacios de diálogo en los que puedan interaccionar para llegar a acuerdos y posibles soluciones destinadas a favorecer una transformación del sistema que lo acerque a prácticas más respetuosas con el medio. De ahí la importancia de iniciativas locales -como la que se aborda en este artículo- en las que los agentes puedan dialogar con el fin de dirigirse hacia una alimentación sostenible, saludable y justa (Moragues-Faus y Marceau, 2018; Marsden, 2000).
Este tipo de iniciativas basan la acción política acotada a territorios específicos. Dentro de ellas, la ciencia toma un papel particular: el de creadora y mediadora. Su actividad se circunscribe a generar información y proveer de diagnósticos sobre las problemáticas del sector, siendo el puente que permite favorecer las relaciones y el diálogo entre los agentes hacia objetivos comunes (Dania et al., 2018; Díaz-Méndez y Lozano-Cabedo, 2020).
Pero enfrentar estos objetivos requiere de análisis profundos sobre las problemáticas, así como de la colaboración de todos los agentes del sistema agroalimentario en un mismo territorio (producción, industria, distribución, restauración, consumidores, gestores de residuos, administración y ciencia). Porque cada uno de ellos tiene un rol particular en el sistema, unas características que lo colocan en una posición diferente al resto. Y porque la comprensión sobre la realidad de cada agente, así como las fortalezas y dificultades que tiene para mantener prácticas sostenibles, genera un conocimiento esencial para establecer relaciones efectivas, productivas y eficaces con el conjunto de agentes (Oosterveer, 2006). Por tanto, es necesario buscar y potenciar soluciones negociadas a los conflictos que surgen entre los agentes y que puedan estar generando escollos para la transición alimentaria (Sarabia et al., 2021; Díaz-Méndez y Lozano-Cabedo, 2020).
Desde estas premisas teóricas se creó el Consorcio COMENSAL, financiado por las Misiones Científicas del Principado de Asturias. Una agrupación de entidades público-privadas unidas con el objetivo de fomentar la colaboración en la resolución de conflictos en torno a la sostenibilidad alimentaria en la región asturiana1 . El proyecto piloto elaborado en su seno ha conectado y ofrecido la ventana de negociación necesaria para que los distintos actores reflexionaran sobre los desafíos de la sostenibilidad alimentaria en Asturias, destacando que el proceso es tan importante como los resultados.
El proyecto piloto ha generado metodologías participativas con las que analizar las dificultades que enfrentan los actores del sistema alimentario asturiano. Este artículo provee de algunos resultados clave del enfoque metodológico que se ha utilizado al final del proyecto para propiciar el diálogo y consensos: los «talleres participativos»2 . En ellos, se ha construido un espacio experimental de interacción entre la producción, industria, distribución, restauración, consumidores, gestores de residuos, administración y ciencia. En este artículo se expondrán las temáticas estructurales que emergen del diálogo y negociación, así como las claves para fomentarlo más allá del espacio experimental creado por los científicos sociales en este proyecto.
Mediante el Consorcio COMENSAL se planteó un proyecto piloto con el objetivo de realizar un diagnóstico sobre la sostenibilidad alimentaria en Asturias y ofrecer un espacio a todos los agentes mediante el que pudieran reflexionar sobre los problemas propios, así como las perspectivas de las otras partes del sistema. A partir de ello se pretendía reconducir la visión individual hacia los problemas compartidos y en estos asentar el debate y el posible consenso.
El diagnóstico se estructuró a través de dos fases. Una primera en la que se realizaron entrevistas y encuestas a agentes de todos los eslabones de la cadena. Esta fase tenía por objetivo conocer sus definiciones de alimentación saludable, sostenible y justa, sus prácticas y sus valoraciones sobre el sistema agroalimentario, así como los obstáculos y potencialidades para alcanzar la sostenibilidad alimentaria de manera individual. Esta fase dio como resultado un prediagnóstico sobre el que se estableció la dinámica de la segunda fase.
La segunda fase, que es el objeto central de análisis en este artículo y da origen a los resultados de este, consistió en la realización de talleres participativos de debate. A través de una metodología cualitativa, se trató de generar un espacio experimental de negociación sobre sostenibilidad alimentaria en el que todos los agentes participasen en igualdad de condiciones. Este proceso permitió aflorar los acuerdos, desacuerdos y conflictos, así como los obstáculos tanto individuales, como generales, para manejar posibles soluciones a favor de prácticas más sostenibles en la cadena.
En estos talleres estuvieron presentes representantes de cada sector del sistema agroalimentario: productores, industria, distribución, restauración, consumidores, gestores de residuos, administración pública y ciencia. Se buscó una representación equilibrada en términos de género. La configuración de la muestra final se puede observar en la Figura 1. Composición de los talleres.
Para poder generar esa ventana de negociación entre los agentes, se realizó el siguiente procedimiento. En primer lugar, se les envió a los agentes participantes el prediagnóstico con los resultados de la primera fase (dos días antes de la sesión). En segundo lugar, se realizaron los talleres simultáneamente con dos moderadoras en cada uno de ellos. Su función consistía expresamente en dar instrucciones a los participantes sin interferir en las discusiones. En cuanto a los participantes, se les explicó el procedimiento del taller: este tendría tres etapas: una primera individual y dos posteriores colectivas. Del mismo modo, se les advirtió que las moderadoras no intervendrían más que exclusivamente para dar instrucciones y controlar el tiempo y, finalmente, se les alentó a participar activamente, pero dando la posibilidad de hablar a todos los participantes sin monopolizar el diálogo.
En la primera etapa del taller, a modo individual, cada participante obtenía una cartulina con la pregunta “¿Qué obstaculiza más el camino hacia la sostenibilidad del sistema agroalimentario asturiano?” junto con 23 afirmaciones tomadas del prediagnóstico. Cada agente debía seleccionar aquellas tres que consideraba más relevantes. Todos los integrantes tenías cartulinas idénticas, aunque con colores diferentes para identificar a qué sector pertenecían las respuestas. Esta etapa tuvo una duración de 5 minutos.

En la segunda etapa, el grupo-taller debía acordar colectivamente la identificación de los tres obstáculos más importantes a nivel grupal. Se realizó la observación de que todos los argumentos y opiniones eran válidos e importantes. Esta etapa de negociación tuvo una duración de 30 minutos y finalizó con las frases seleccionadas que se expusieron a las moderadoras.
Finalmente, en la tercera etapa, cada grupo-taller debatió colectivamente sobre las tres frases que seleccionaron conjuntamente, reflexionando sobre la justificación de por qué se consideraban los obstáculos más representativos para la búsqueda de la sostenibilidad en Asturias. Esta etapa tuvo una duración aproximada de una hora.
La generación de interacción en los grupos-taller se propició mediante el uso de dos métodos provenientes de la literatura académica. Por un lado, la resolución creativa de problemas (Creative Solving Problem, CPS) y, por otro lado, el diagrama de causa-efecto de Ishikawa, adaptados al contexto de la sostenibilidad alimentaria. La utilidad del primero es que ofrece un marco de resolución de problemas de forma constructiva mientras mantiene la intervención de todos los agentes (Treffinger, 1995; Jackson y Jackson, 1991). En cuanto al segundo, este permite operacionalizar un problema desde la base de que todo problema tiene una causa que puede ser identificada para generar una solución (Dos Santos y Campos, 2021; Romero y Díaz, 2001).
Los talleres participativos se han mostrado como una herramienta de utilidad para aproximarse a los procesos de negociación de los agentes, sus acuerdos y conflictos, donde los asistentes se involucran mediante sus interacciones ajustando sus posturas, buscando alianzas y comparando sus ideas con las de los demás. Es un espacio diseñado para que, a través del diálogo, se puedan identificar puntos en común y trazar rutas hacia la sostenibilidad alimentaria. Los grupos eran conocedores de este marco de discusión, ya que todos los participantes sabían de antemano el objetivo del taller y habían aceptado colaborar para encontrar soluciones.
A pesar de que los dos talleres trabajaban con el mismo objetivo —encontrar una visión colectiva sobre la sostenibilidad alimentaria—, sus dinámicas fueron distintas. El Taller A fue más homogéneo en sus visiones y posturas, mientras que en el Taller B hubo más diferencias.
De las 23 frases seleccionadas en el prediagnóstico, cada grupo tuvo que elegir tres para debatir, confrontar posturas y llegar a consensos. Aquellas tres que consideraba como los principales obstáculos en el camino hacia la sostenibilidad alimentaria en Asturias. Si bien la dinámica de cada taller fue diferente, hubo algunas coincidencias en sus selecciones:


A partir de estas frases consensuadas, el grupo-taller se adentra en la segunda fase donde se genera la primera aproximación al debate. Los participantes comienzan a construir sus argumentos en diálogo con los demás. La fluidez de la discusión permite que unos temas se diluyan y otros nuevos surjan, más allá de las frases consensuadas. Esto refleja la capacidad de los asistentes de moldear la conversación y dirigirla tanto hacia sus intereses como hacia puntos comunes de acuerdo.
El análisis presentado a continuación muestra las dinámicas establecidas por el conjunto del grupo-taller, así como las temáticas que estructuraron el diálogo. Se trata de una agrupación de significados compartidos por los participantes a lo largo de la conversación y que reflejan al mismo tiempo cómo el grupo-taller organizó la información e interactúa con ella con los otros. Las temáticas fueron similares en ambos, aunque su desarrollo mostró explicaciones diferentes sobre las mismas. El hecho de que los grupos hayan abordado los mismos temas desde enfoques diferentes sugiere que sería necesario profundizar en futuras investigaciones, ya que la información obtenida aún no ha alcanzado su «punto de saturación».
Desde el principio, surgió la necesidad de definir qué significa «sostenibilidad alimentaria». Sin embargo, ante la dificultad de llegar a una definición única, los participantes decidieron avanzar sin detenerse en esta cuestión. Cada sector tenía una interpretación ligeramente diferente, pero el grupo optó por no insistir en estas diferencias y seguir adelante con el diálogo. A lo largo de la conversación, quedó claro que la sostenibilidad, más allá de un concepto teórico, estaba relacionada con la continuidad de sus propias actividades en el tiempo: el futuro de la producción, de la industria alimentaria, de la distribución, y de la propia región asturiana.
El grupo aceptó que la sostenibilidad no solo implica cuidar el medio ambiente, sino también garantizar la viabilidad a largo plazo de sus actividades laborales, las cuales consideran fundamentales para su supervivencia en Asturias. El debate, por tanto, se enfocó en cómo seguir adelante con sus profesiones, su vida y la sociedad en la que viven.
Aunque hubo momentos de autocrítica y reproches sobre las dificultades para lograr la sostenibilidad, los participantes expresaron una actitud positiva hacia el futuro, mostrando disposición para avanzar y mejorar.
«Queramos que no, todos somos muy sostenibles, todos tenemos una concienciación bastante a día de hoy, un poco cada vez más más, más, más, más, más metida en la mente. Pero cuando nos tocan al bolsillo empezamos a verle un poco dificultades e incluso piedras en el camino, ¿no?» (Distribución_ Hombre. Taller A)
distintas. El Taller A fue más homogéneo en sus visiones y posturas, mientras que en el Taller B hubo más diferencias.
De las 23 frases seleccionadas en el prediagnóstico, cada grupo tuvo que elegir tres para debatir, confrontar posturas y llegar a consensos. Aquellas tres que consideraba como los principales obstáculos en el camino hacia la sostenibilidad alimentaria en Asturias. Si bien la dinámica de cada taller fue diferente, hubo algunas coincidencias en sus selecciones:
• El Taller A seleccionó las frases:
• «La dificultad para aplicar la legislación»
• «Falta de concienciación y compromiso»
• «Falta de relevo generacional»
Taller B seleccionó las frases:
• «Falta diálogo y coordinación»
• «Poca promoción de alimentos locales y de cercanía»
• «Falta de relevo generacional»
A partir de estas frases consensuadas, el grupo-taller se adentra en la segunda fase donde se genera la primera aproximación al debate. Los participantes comienzan a construir sus argumentos en diálogo con los demás. La fluidez de la discusión permite que unos temas se diluyan y otros nuevos surjan, más allá de las frases consensuadas. Esto refleja la capacidad de los asistentes de moldear la conversación y dirigirla tanto hacia sus intereses como hacia puntos comunes de acuerdo.
El análisis presentado a continuación muestra las dinámicas establecidas por el conjunto del grupo-taller, así como las temáticas que estructuraron el diálogo. Se trata de una agrupación de significados compartidos por los participantes a lo largo de la conversación y que reflejan al mismo tiempo cómo el grupo-taller organizó la información e interactúa con ella con los otros. Las temáticas fueron similares en ambos, aunque su desarrollo mostró explicaciones diferentes sobre las mismas. El hecho de que los grupos hayan abordado los mismos temas desde enfoques diferentes sugiere que sería necesario profundizar en futuras investigaciones, ya que la información obtenida aún no ha alcanzado su «punto de saturación».
Desde el principio, surgió la necesidad de definir qué significa «sostenibilidad alimentaria». Sin embargo, ante la dificultad de llegar a una definición única, los participantes decidieron avanzar sin detenerse en esta cuestión. Cada sector tenía una interpretación ligeramente diferente, pero el grupo optó por no insistir en estas diferencias y seguir adelante con el diálogo. A lo largo de la conversación, quedó claro que la sostenibilidad, más allá de un concepto teórico, estaba relacionada con la continuidad de sus propias actividades en el tiempo: el futuro de la producción, de la industria alimentaria, de la distribución, y de la propia región asturiana.
El grupo aceptó que la sostenibilidad no solo implica cuidar el medio ambiente, sino también garantizar la viabilidad a largo plazo de sus actividades laborales, las cuales consideran fundamentales para su supervivencia en Asturias. El debate, por tanto, se enfocó en cómo seguir adelante con sus profesiones, su vida y la sociedad en la que viven.
Aunque hubo momentos de autocrítica y reproches sobre las dificultades para lograr la sostenibilidad, los participantes expresaron una actitud positiva hacia el futuro, mostrando disposición para avanzar y mejorar
«Queramos que no, todos somos muy sostenibles, todos tenemos una concienciación bastante a día de hoy, un poco cada vez más más, más, más, más, más metida en la mente. Pero cuando nos tocan al bolsillo empezamos a verle un poco dificultades e incluso piedras en el camino, ¿no?» (Distribución_ Hombre. Taller A)
La necesidad de un cambio en el sistema agroalimentario fue otro tema clave. Los participantes debatieron si el modelo actual es sostenible y, en muchos casos, se preguntaron si sus propias actividades laborales tienen un futuro. Aunque al principio el concepto de cambio no estaba claro, fue cobrando forma a lo largo de la discusión.
Todos los asistentes coincidieron en que un cambio es imprescindible para avanzar hacia la sostenibilidad. Ya sea en términos de prácticas, mentalidades o modelos de negocio, reconocieron que el sistema debe transformarse para adaptarse a las exigencias actuales y futuras.
«Habrá que hacer un cambio (…) Un cambio-un cambio de-de-de trabajo y de actitud (…) Un cambio-un cambio que no sabemos cuál es» (Ciencia_ mujer. Taller B)
El debate sobre la sostenibilidad se enlazó con el tema de la continuidad de las actividades relacionadas con la alimentación, como la producción, la distribución y la restauración. Uno de los principales obstáculos señalados fue la falta de relevo generacional, especialmente en las áreas rurales. Sin embargo, esta preocupación no solo afecta a la producción, sino a toda la cadena agroalimentaria y, en última instancia, a la propia región asturiana.
El envejecimiento de la población y la falta de jóvenes interesados en continuar con las actividades laborales fueron señalados como problemas compartidos por todos. Esta falta de continuidad afecta tanto a nivel profesional como personal, ya que muchos participantes expresaron su preocupación por la desconexión de sus propios hijos con el entorno rural y las actividades familiares.
«No hay relevo, no hay. Se va perdiendo esa base de producción y con eso hay efectos también malos para el medio ambiente. Si no hay productores. El medio ambiente también va… va a sufrir. El aspecto social también. Todo lo que tenemos de despoblación y demás es difícil de revertir, porque hay también un tema cultural detrás de todo lo que está ocurriendo» (Ciencia_hombre. Taller A)
A medida que avanzaba la conversación, se fue desarrollando un sentido de colectividad entre los participantes, que comenzaron a verse a sí mismos como partes de un mismo sistema. Aunque algunos miembros mostraban actitudes más críticas que otros, en ambos grupos se consolidó la idea de que enfrentan los mismos problemas y que, para resolverlos, es necesario trabajar juntos.
Este sentido de colectividad quedó reflejado en que, incluso en los momentos de mayor confrontación, la respuesta de los participantes no fue agresiva. Todos comprendían que no se trataba de «ganar» un debate, sino de encontrar soluciones colectivas para los desafíos que enfrentan como sistema agroalimentario. Así, reconocieron que los problemas son compartidos y que, por lo tanto, todos ellos deben formar parte de la solución.
«Muchas veces, porque precisamente porque como hay intereses contrapuestos, pues siempre priman los intereses de la parte que se considera más, más débil, más vulnerable y más…. Eso lo entiendo bien, pero eso. Pero eso no significa que la otra parte en si todo va hacia la parte más vulnerable. Llega un momento en que la vulnerabilidad cambia de… (…). Entonces hay que atender un poco también todas las todas las partes» (Industria_Hombre. Taller A)
En los talleres, aparecen argumentos que no buscan la confrontación directa. Quienes los presentan tratan de encontrar soluciones consensuadas, sin responsabilizar a nadie en particular y evitando el conflicto. Sin embargo, este tipo de soluciones, más «neutrales», no logran convencer del todo a los demás. La mayoría de los participantes sienten que el verdadero camino hacia una solución debe surgir del consenso de todo el grupo, y que es fundamental que esas soluciones provengan de las discusiones que se están dando en la mesa, no de fuera.
El envejecimiento de la población y la falta de jóvenes interesados en continuar con las actividades laborales fueron señalados como problemas compartidos por todos. Esta falta de continuidad afecta tanto a nivel profesional como personal, ya que muchos participantes expresaron su preocupación por la desconexión de sus propios hijos con el entorno rural y las actividades familiares.
Una idea clave que se repite es que las soluciones no pueden quedarse en la teoría, deben traducirse en acción. Los participantes no quieren ser observadores pasivos; están dispuestos a actuar, pero necesitan una mejor coordinación entre ellos. Esta coordinación es vista como esencial para enfrentar los desafíos de la sostenibilidad. Varios participantes mencionan ejemplos de otros países o regiones donde la colaboración entre agricultores, ganaderos y tiendas de productos ecológicos ha sido clave para avanzar.
La necesidad de coordinación va más allá del diálogo: es un paso adelante en el discurso colectivo. Como uno de los participantes menciona: «el diálogo por sí solo no genera resultados positivos», haciendo referencia a reuniones fallidas en el pasado. Mientras que el diálogo es simplemente la interacción entre individuos, la coordinación implica regular esas interacciones y transformar a los individuos en actores organizados. Pero, para que esta coordinación funcione, se necesita un «árbitro», y en este punto, el grupo menciona a la administración pública. Sin embargo, hay divisiones notables sobre cuál debería ser el papel de la administración en este proceso.
Es evidente que el grupo se divide ideológicamente, especialmente en lo que respecta a la intervención del gobierno en la economía. Esto se hace aún más claro porque los talleres tuvieron lugar justo después de las elecciones regionales, lo que inevitablemente trajo consigo referencias políticas. Los participantes más vulnerables tienden a pedir un mayor apoyo de la administración, mientras que los actores más poderosos prefieren más libertad para actuar por sí mismos.
Por otro lado, algunos consideran que la administración debe intervenir más activamente para asegurar que las voces más vulnerables también sean escuchadas. La cuestión de la desigualdad entre los actores se hace evidente cuando discuten cómo deben enfrentarse colectivamente a los desafíos de la cadena agroalimentaria. Mientras algunos se sienten en la cima de la pirámide, como los distribuidores, otros se perciben más débiles dentro del sistema. Esta diferencia de poder es uno de los elementos clave del debate.
Una idea clave que se repite es que las soluciones no pueden quedarse en la teoría, deben traducirse en acción. Los participantes no quieren ser observadores pasivos; están dispuestos a actuar, pero necesitan una mejor coordinación entre ellos. Esta coordinación es vista como esencial para enfrentar los desafíos de la sostenibilidad. Varios participantes mencionan ejemplos de otros países o regiones donde la colaboración entre agricultores, ganaderos y tiendas de productos ecológicos ha sido clave para avanzar
Otros hablan de la necesidad de una normativa que obligue a todas las empresas, grandes o pequeñas, a incluir aspectos ambientales y sociales en sus cadenas de valor, pero se advierte que esta normativa también representa un reto para quienes no estén preparados para cumplirla.
Al final, aunque hay consenso en que la administración tiene un papel que jugar, las diferencias de poder entre los actores generan expectativas muy distintas sobre el tipo de intervención que se espera. Todos coinciden en que el árbitro debe ser imparcial, pero también reconocen que no todos los actores están en las mismas condiciones para cumplir con las reglas.
«Pero sigo pensando que el diálogo, más allá de que la administración arbitre o ayude a… tiene que establecerse entre la producción y el resto de los eslabones. La administración al final debería de ser un mero observador o un pequeño interventor. Yo no creo que sea el que tenga que digamos intervenir de una manera muy importante para fijar las condiciones y llegar más allá de dar unas ideas o establecer una normativa básica que permita, basándose en esa normativa, llegar a acuerdos entre las partes. No lo sé, porque también luego hay ocasiones en las que se les acusa de intervencionismo excesivo. No lo sé» (Administración_mujer. Taller A)
Un tema que une a todos los participantes, independientemente de sus diferencias, es el sentido de pertenencia a Asturias. La identidad asturiana actúa como un hilo conductor que conecta a todos los actores, ya que comparten un territorio, una cultura y una historia común, lo que se refleja en la alimentación y en la tierra. De hecho, la palabra «Asturias» aparece más de 30 veces en cada taller, mostrando la fuerte conexión emocional con la región.
Ser asturiano se presenta como un atributo que los identifica tanto individual como colectivamente, y se sienten parte de un sistema alimentario «asturiano», con un vínculo territorial y profesional que los une. Los participantes no dudan en realizar una autocrítica colectiva, señalando que «no sabemos valorar lo nuestro», en referencia a la poca promoción que se hace de los productos locales.
Al final, esta autocrítica y reflexión sobre la identidad asturiana permite que el grupo trascienda sus preocupaciones individuales y piensen en el bienestar común. Su preocupación va más allá de sus propios negocios y se centra en la comunidad, en la región y en la ciudadanía en general.
«Pero sí que creo que desde la administración se pueden arbitrar mecanismos para poner en valor cosas de cerca. No parece muy lógico que en Asturias solo produzcamos el 3% de lo que consumimos. No parece muy lógico. Y dices entonces si la administración potencia evitando todo aquello que… o penalizando todo aquello que genera conflicto en el medio ambiente … (…). Bueno (…) eso sí se puede arbitrar desde la administración, no penalizar determinadas conductas y potenciar kilómetro cero. Potenciar lo que nos genera costes añadidos. Y no estoy pidiendo que sea intervencionista. Creo que eso se puede hacer dentro de un diálogo, pero que nosotros valoramos lo de cercanía. Creo que en eso podemos estar de acuerdo prácticamente todos, ¿no?» (Producción_Mujer. Taller A)
Uno de los temas que genera mayor debate es el papel de los distribuidores, quienes son percibidos por muchos como los actores con mayor poder en la cadena agroalimentaria. Algunos participantes responsabilizan a la distribución de muchos de los problemas del sistema, acusándolos de imponer sus condiciones sobre el resto. Ante esta presión, los distribuidores se defienden diciendo que su función es la de ofrecer un servicio, no de ejercer poder sobre los demás. Buscan integrarse nuevamente en el diálogo colectivo, recordando que todos en la cadena dependen unos de otros.
El grupo finalmente acepta reanudar el diálogo en un tono más cooperativo, pero las posiciones han quedado claras. Cada participante sabe dónde se encuentran los demás, y esto ayuda a entender por qué cada uno espera algo diferente del árbitro, es decir, de la administración. En última instancia, lo que realmente busca el grupo no es solo un mediador, sino alguien que pueda garantizar un equilibrio en las decisiones con respecto a la sostenibilidad alimentaria para no acentuar las desigualdades entre los eslabones de la cadena.
«No voy a hablar de política, lo que pasa que hay cosas que tienen que ver con la política. En un sistema liberal de economía liberal, al final el distribuidor está en la cima de la pirámide, es quien decide cómo se hacen las cosas, que no quiere decir que no sea razonable la decisión, pero sí que lo decides tú estás decidiendo y hacéis bien, porque estáis con vuestro dinero. Esto no lo puedo vender porque no me es rentable» (Consumidores_Hombre. Taller B)


Los talleres participativos se han mostrado como una herramienta metodológica útil para abordar las problemáticas que precisan de perspectivas de análisis multiactor. Este espacio experimental de negociación ha permitido a los participantes llegar a consensos en los que la sostenibilidad se ha identificado como un requisito sine qua non para que el sistema agroalimentario persista en el tiempo. En ellos, los participantes han encontrado una oportunidad sustantiva para la reflexión común en torno a los problemas que les afectan en un marco de relaciones que van más allá de las que suelen tener, es decir, que superan lo estrictamente comercial.
Las temáticas que los participantes han abordado son un reflejo de aquellos aspectos que comparten y que ven como retos u oportunidades para el conjunto de la cadena: el concepto de sostenibilidad, las necesidades de cambios en el modelo alimentario actual, la falta de relevo generacional, el papel de la administración dentro de las relaciones entre los agentes, la asimetría de poder de la cadena agroalimentaria y la identidad asturiana ligada al territorio y cultura que comparten. En definitiva, a pesar de tener visiones diferentes en algunos aspectos, coinciden en la necesidad de afrontar las problemáticas que les afectan de forma colectiva, pues entienden que alcanzar una alimentación más sostenible es tanto una oportunidad, como un reto, para todos y todas.
1 El presente trabajo se inserta en el Proyecto de Investigación “Consorcio COMENSAL Misiones Científicas Sostenibilidad Alimentaria: por un entorno alimentario saludable, sostenible y justo para Asturias”. Consejería de Ciencias e innovación del Principado de Asturias (2022-23).
2 Este artículo es una versión divulgativa de parte del libro Caminando hacia una Alimentación Sostenible en Asturias publicado en la editorial TREA y coordinado por Sonia Otero Estévez y Sandra Sánchez Sánchez.
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