Jose María Pozancos
Director de FEPEX
Begoña Jiménez
Responsable de comunicación de FEPEX
Resumen: La exportación de frutas y hortalizas frescas en 2022 se situó en 15.930 millones de euros, manteniendo la evolución positiva de años anteriores, aunque el volumen retrocedió. El dinamismo y la profesionalización siguen presentes en este sector, que se enfrenta a retos decisivos como la Estrategia de la Granja a la Mesa, que recoge objetivos claros de reducción de fitosanitarios y nutrientes que repercutirán en las producciones europeas. Afectará también a la sociedad en general, puesto que, según recoge la propia Estrategia “las pautas actuales de consumo de alimentos son insostenibles”.
Palabras clave: frutas, hortalizas, exportaciones, Estrategia de la Granja a la Mesa.
La exportación española de frutas y hortalizas frescas en 2022 totalizó 15.930 millones de euros, un 1,5% más que el año anterior, manteniendo la evolución positiva del sector, aunque el volumen retrocedió un 10% totalizando 12 millones de toneladas. Las fortalezas que han constituido la base del desarrollo del sector productor y exportador de frutas y hortalizas son las que siguen manteniendo su crecimiento. Entre ellas, destacaría las siguientes:
• La diversidad de oferta. La exportación de hortalizas está integrada por más de 92 productos y la exportación de frutas por 120,
• Amplitud de calendarios de comercialización, lo que permite una presencia permanente en el mercado. La comercialización se extiende a lo largo de todo el año, con un suministro constante lo que permite mantener una relación permanente con los clientes.
• Grandes volúmenes de producción y de exportación, con capacidad para proveer a todo tipo de clientes y mercados.
• Orientación al mercado. La generalidad de la renta de los productores de frutas y hortalizas procede de un mercado, que se caracteriza por una fuerte competencia intra y extracomunitaria, y por una fuerte competencia de productos sustitutivos industriales, lo que favorece el proceso de desarrollo de nuevas producciones, nuevas técnicas de producción y búsqueda de nuevos mercados.
• Integración de la producción y comercialización en las zonas productoras.
• Capacidad demostrada del sector para adaptarse a las nuevas exigencias del mercado en cuanto a calidad, seguridad y formas de presentación de los productos.
• Fruit Attraction. La feria internacional del sector de frutas y hortalizas, organizada por IFEMA Madrid y FEPEX, se ha consolidado como el principal medio de promoción del sector. La feria, que este año se celebra del 3 al 5 de octubre, ha dado visibilidad al sector y una creciente presencia en el contexto nacional e internacional.
Estas fortalezas siguen, además, siendo necesarias para afrontar importantes retos como la Estrategia de la Granja a la Mesa que, presentada hace tres años por la Comisión Europeas para conseguir un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente, ha ocupado la agenda productiva, política y medioambiental desde entonces.




La Estrategia de la Granja a la Mesa es un elemento esencial del Pacto Verde y describe la hoja de ruta de la Comisión Europea en el ámbito agroalimentario para los próximos años. Establece tres objetivos: reducir la huella medioambiental y climática del sistema alimentario y reforzar su resiliencia; garantizar la seguridad alimentaria frente al cambio climático y la perdida de biodiversidad y, en tercer lugar, liderar una transición global hacia la sostenibilidad competitiva. Mientras que para el primer objetivo si se plantean medidas definidas y obligatorias, los otros dos objetivos deben considerarse aspiracionales, y no se incluyen medidas o acciones concretas.
Con relación al primer objetivo se establece la reducción del uso y riesgo de plaguicidas químicos en un 50% y reducción del 50% de uso de plaguicidas más peligrosos de aquí a 2030; reducción del uso de fertilizantes en al menos el 20% hasta 2030 y destinar el 25% de las tierras agrícolas a agricultura ecológica.
Esto supone una reducción drástica de las herramientas básicas que tienen los productores para hacer frente a plagas, y enfermedades de las plantas, que se suma a la que ya se bien produciendo desde 2009, como consecuencia de la Directiva 2009/128 por la que se establece el marco de la actuación comunitaria para conseguir un uso sostenible de los plaguicidas.
Como consecuencia de esta normativa, ya se ha reducido el número de materias activas disponibles porque no hay alternativas eficaces para la mayoría de ellas. La falta de recursos para acabar con las plagas y producir de forma eficaz y segura está impulsando, entre otros aspectos, cambios de planteamientos productivos y una tendencia a la reducción de la producción.
Con la Estrategia se ahonda en este problema, lo que conllevará a un retroceso en la seguridad alimentaria, entendida como la necesidad de garantizar un suministro suficiente y variado de alimentos inocuos, nutritivos, asequibles y sostenibles a las personas en todo momento, según recoge la propia Estrategia, es decir, el efecto contrario de lo previsto en el objetivo relacionado con la seguridad alimentaria.
Hasta la fecha, los análisis de impacto que se han hecho ratifican las consecuencias de la Estrategia. El Centro Común de Investigación (JRC, Joint Research Centre), el servicio de ciencia y el Centro de conocimiento de la Comisión Europea, apuntaba que se produciría un aumento de costes en hortalizas y cultivos permanentes, así como una mayor dependencia de las importaciones.
La Universidad de Wageningen, en junio de 2020, consideró que caerán los rendimientos del 10% al 20% de media y hasta un 30% en cultivos permanentes, una subida de precios y una caída significativa de las exportaciones comunitarias a la vez que crecerían las importaciones.
Por su parte, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos alertó, en noviembre de 2020, de la caída de la renta de las explotaciones comunitarias y de que los plazos establecidos en la Estrategia no se acompasan a los requeridos por la investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías. Alertó también del impacto negativo sobre el acceso a los alimentos de muchos países de África, alejándose de lo previsto en el Estrategia sobre la seguridad alimentaria.
Respecto al tercer objetivo planteado por la Estrategia: liderar una transición global hacia la sostenibilidad competitiva, se prevén las siguientes medidas. En el marco de la PAC, explica que los regímenes ecológicos constituirán una importante fuente de financiación; se prevé también que los productores comunitarios conseguirán un mayor precio, y se apunta también a forjar alianzas verdes con los socios comerciales de países terceros para que adopten el modelo de producción comunitaria.
Pero ¿son medidas realistas, proporcionadas y que permitan compensar los cambios que supone la Estrategia? Con relación a los pagos directos y los regímenes ecológicos, según los cálculos realizados por FEPEX, y tomando el cultivo de melocotón como ejemplo, estas ayudas apenas suponen el 10% de la perdida de ingresos que provocaría la aplicación de las medidas obligatorias de reducción de fitosanitarios y nutrientes recogidas en la Estrategia. Las consecuencias serían más graves en otros cultivos como invernaderos.
Con relación al mayor precio para la producción comunitaria, por un lado, las encuestas más recientes y el comportamiento el consumo concluye que el factor precio es el criterio más determinante de la decisión de compra de los consumidores y, por otro, difícilmente será posible la diferenciación frente a la competencia exterior si se aplica la propuesta de Reglamento de envases y residuos de envases, presentado por la Comisión Europea, que obliga a que las frutas y hortalizas comercializadas en lotes de 1,5 kilogramos o menos se vendan a granel.
Con relación a las alianzas verdes la estrategia recoge que “la UE buscará forjar alianzas verdes sobre sistemas alimentario-sostenibles con todos sus socios bilaterales, regional y multilaterales. Si nos ceñimos a la realidad hasta la fecha esto no ha sido posible. Competidores sistémicos del sector español y comunitario como Marruecos han registrado un fuerte crecimiento de sus exportaciones a la UE mientras que retroceden las exportaciones españolas.
Poniendo como ejemplo el tomate, por ser la hortaliza más consumida, las importaciones comunitarias procedentes de países terceros han crecido un 80%, en la última década, pasando de 441.196 toneladas en 2013 a 793.537 toneladas en 2022, según datos del Departamento de Aduanas e Impuestos Especiales, procesados por FEPEX. Marruecos se ha reforzado en estos años como el principal proveedor extracomunitario, representando el 70% de las importaciones de tomate de países terceros. Y su crecimiento ha sido continuo, pasando de 365.695 toneladas en 2013 a 557.225 toneladas en 2022, lo que supone un crecimiento del 52%.
Por el contrario, las exportaciones intracomunitarias de los principales productores como España u Holanda han bajado. En 2018 Holanda exportó un millón de toneladas de tomate a otros EEMM, considerando la UE de 27 EEMM; en 2021 fueron 749.670 toneladas y el año pasado se situaron en 730.911 toneladas, según datos de Eurostat. La exportación española de tomate a la UE también ha bajado. En 2018 fue de 799.049 toneladas, en 2021 bajó a 568.710 toneladas y el año pasado fue de 548.840 toneladas.
La Estrategia dice también que la política comercial de la UE debe contribuir a mejorar la cooperación con terceros países “y a que estos contraigan compromisos ambiciosos en ámbitos clave como el bienestar animal, el uso de plaguicidas y la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos”. Y en esta línea, tanto la Comisión como distintos Estados Miembros, especialmente Francia y España, proponen aplicar las cláusulas espejos: que los requisitos legales que se aplican a los alimentos producidos en la Unión Europea sean equivalentes a aquellos que se exigen a los alimentos que pretenden entrar en el territorio de la Unión.
Sin embargo, para FEPEX, las cláusulas espejo forman parte de un discurso político, que difícilmente podrá materializarse en medidas eficaces, según se desprende incluso de informes comunitarios. El Informe de la Comisión Europea al Parlamento y al Consejo sobre la “Aplicación de las normas de la Unión en materia de salud y medio ambiente a los productos agrícolas y agroalimentarios importados”, publicado el 3 de junio de 2022, considera que la aplicación de las normas de la Unión a los productos importados debe efectuarse respetando plenamente las normas de la Organización Mundial del Comerio y los objetivos de carácter económico, como el aumento de la competitividad o el fomento de las igualdad de condiciones no son válidos con arreglo al artículo 20 del GATT.
Por otro lado, el mismo informe pone en duda de que los mecanismos de control para comprobar que las producciones de terceros países cumplen con las normas comunitarias sean viables técnica y económicamente. Y en este sentido explica que, “dado que se están regulando los métodos de producción o transformación en un tercer país, la viabilidad y la proporcionalidad de los medios adecuados para controlar y hacer cumplir su aplicación deben evaluarse en relación con los costes y beneficios de hacerlo”.
Se observa, por tanto, que los objetivos planteados por la Estrategia de la Granja a la Mesa pueden llegar a ser incompatibles entre sí y los resultados de su aplicación podrían ser justo lo contrario de lo esperado, según FEPEX. Para los productores, las consecuencias son mayores costes unitarios, así como pérdida de ingresos y de cuota de mercado frente a una competencia global. Para los consumidores conllevará precios más elevados, alimentos frescos menos asequibles y una dieta menos saludable.
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