María Ferrante


Texto: Enrique Medina
Ilustración: Ana Fernández 
(@Lusaneartisan) 

Conversación en el despacho del comisario Julio Camiñas. Madrid, 24 de julio de 2022. —Buenos días. Me ha llegado una pista nueva sobre la desaparición de María Ferrante. Los inspectores Andrés Blanco y Ana López miran con incredulidad a su superior. —Parece fiable y vamos a retomar la investigación. El juez Lorente accede a reabrir el caso. —Supongo que volvemos a encargarnos nosotros. María Ferrante —En efecto. Ya entraremos en materia, pero os adelanto que sois un matrimonio que os trasladáis a Sevilla para haceros cargo de un bar en el Mercado de la Encarnación.

Como será la expresión de ambos que Camiñas les tranquiliza.

—No vais a ir solos, os acompañarán dos agentes que antes de incorporarse con nosotros trabajaron en hostelería. El agente Narváez se encargará de las compras y la cocina. La inspectora Dueñas será la responsable de la barra. Esta tarde tendremos los cinco una reunión, donde conoceréis todos los pormenores, y mañana partiréis hacia Sevilla, donde el lunes recogeréis en una agencia inmobiliaria el contrato de alquiler y las llaves del local.

María Ferrante era arquitecta y trabajaba en el gabinete de arquitectura Danae, una de las empresas que se encargaron de la construcción del nuevo Mercado de La Encarnación, inaugurado el 19 de diciembre de 2010.

En octubre de ese mismo año, terminó una reunión en su empresa, se dirigió al mercado, al que nunca llegó, y nunca más se ha sabido de ella.

A los tres días se desplazaron a Sevilla la inspectora López y el inspector Blanco, dos de los mayores expertos en desapariciones del país. Siguiendo el protocolo se investigó al círculo más cercano de María, familia, amigos, compañeros de trabajo, sin obtener nada sólido. Desde el primer momento sospecharon de una amiga y compañera llamada Lorena Delgado, pero no lograron ninguna prueba concluyente, por lo que a los tres meses regresaron a Madrid con las manos vacías, siendo uno de los pocos casos que tienen, junto al comisario Camiñas, sin resolver.

Hace unos días un confidente con bastante credibilidad, y en el que el comisario tiene mucha confianza, porque muchas de sus informaciones han servido para resolver casos complicados e incluso escabrosos, le ha dado nuevos datos que pueden ayudar a esclarecer aquella desaparición, y justifican su reapertura.

—Deben centrarse -les dice Camiñas- en la que fue la principal sospechosa y Manuel Contreras, su actual marido, y en aquel momento director técnico de la empresa donde ambas trabajaban, y novio de María. Existe la posibilidad de que María esté enterrada bajo el bar, o en algún lugar del mercado, algo que comprobaremos con mucha discreción, por lo que emplearemos el detector en las horas de cierre del mercado.

Martes, 26 de julio de 2022. Mercado de la Encarnación de Sevilla.

Aunque el día anterior, lunes, era festivo, la inspectora Dueñas y el inspector Narváez dejaron el local completamente preparado para poder abrirlo este martes.

El mercado abre a las 8 de la mañana, pero el bar habitualmente está disponible a las 7,30 para que los comerciantes puedan desayunar. Hoy, como día de reinauguración, a partir de las 10,00 invitarán a una cerveza o a un vino con su correspondiente tapa, a los trabajadores y clientes de la Encarnación.

A media mañana Blanco y López se citaron con el confidente en un bar frente a las oficinas del estudio de arquitectura Danae, llevando un portafolios negro de una determina marca y tamaño. Al llegar al local supieron quien era la persona que les esperaba porque tenía el mismo maletín.

El hombre les contó que trabaja en una empresa de transporte y hace unos días llevaron al estudio mobiliario nuevo y retiraron el antiguo. Al tirarlo en el punto limpio, un cajón de una mesa se partió y descubrió un doble fondo, del que cayeron varios sobres lacrados. No pudo resistir la curiosidad y tras abrirlos había unas fotos con un cadáver boca abajo, o al menos esa sensación le dio porque estaba envuelto en un plástico, y la estructura era similar a la del mercado.

-He puesto el maletín con las fotos a su izquierda, ahora, por favor, mueva el que usted traía hacia mí para intercambiarlos. Es improbable que nos vigilen, pero este complemento salarial que tengo es muy arriesgado, por lo que no hay que dejar nada al azar.

Salieron los tres a la vez, tomando direcciones opuestas, aunque López se perdió entre la multitud para hacer contra seguimiento por si tenían alguna ‘sombra’. Camiñas confiaba ciegamente en el confidente, pero nunca estaba de más un mínimo de precaución.

Blanco tomó el primer AVE hacia Madrid para entregar las fotos a la científica por si fuera posible sacar alguna huella o rastro de ADN de los sobres.

López junto a Dueñas y Narváez comenzaron esa misma noche con la búsqueda del cadáver dentro del Mercado de la Encarnación. Sus superiores habían hablado con la empresa de seguridad que tenía el vigilante nocturno, para que durante unos días no enviasen a nadie, y esa labor la hiciera un policía de la brigada de desaparecidos de Sevilla.

Hacia las cinco de la madrugada terminaron su primera noche de búsqueda, para evitar inesperados encuentros con algún comerciante que llegase antes para ir adelantando trabajo.

Blanco regresó a Sevilla después de comer, y durante un par de días, a la espera de los resultados del laboratorio, investigaron algunas nuevas vías.

Por la noche se turnaban con Dueñas y Narváez en la búsqueda de restos dentro del Mercado.

Los resultados de la científica no pudieron ser más descorazonadores, en esas fotos no había ningún tipo de ADN, y además estaban manipuladas para hacer creer lo que no era. De momento su única esperanza era el detector e intentar averiguar algo nuevo entre los comerciantes.

Los inspectores volvieron a examinar la documentación que acumularon durante la primera búsqueda, sin encontrar nada nuevo. Cuando estaban a punto de abandonar esa vía, López reparó en un dato que no tuvieron en aquel momento, o no supieron ver. Al comentarlo con Blanco, este no pudo ser más rotundo.

—Hace 10 años no estaba aquí este documento, o nos lo ocultaron deliberadamente, o se traspapeló y al finalizar la investigación lo incorporaron.

Una cámara grabó a María, el 19 de octubre, día de su desaparición, subiendo a un taxi en la Plaza de la Encarnación. La matrícula y el número de licencia se veían con nitidez. Había que averiguar a quien pertenecía ese taxi, aunque podría ser que, de encontrarle, no recordara nada de aquel día.

No les costó mucho encontrar al chófer, y tampoco que recordara donde dejó a María.

-Entró en el convento de Santa Paula. Lo recuerdo porque me extrañó que una mujer con aspecto tan moderno entrara en un convento de clausura. —¿De clausura? —Si señora, de clausura. Era evidente que la investigación daba un vuelco. Hablarían con Camiñas para que moviera todos los hilos que permitieran hablar con la superiora del convento. López lo tuvo claro. —Esta mujer desapareció voluntariamente. Estoy segura. Solo queda averiguar que la empujó hasta aquí. Decidieron suspender la búsqueda nocturna. En este momento era un desgaste físico innecesario. A los tres días, tras arduas negociaciones con las autoridades religiosas, tuvieron acceso a la Madre Superiora. —Buenos días, Madre, soy la inspectora López, él es mi compañero Blanco. —Pueden llamarme Sor María Rosario. Ustedes dirán. La inspectora le muestra una foto de María Ferrante. —Por favor, ¿puede decirnos si está en este convento la mujer de la fotografía? —Si, es sor Rocío. —¿Ingresó en el año 2010? —Sí, un año antes del fallecimiento de mi antecesora, Sor Lucía. Tras un rato de silencio, Blanco interviene. —Sería posible hablar con ella?. —Eso ya no está en mi mano. Hablaré con sor Rocío, y ella decidirá.

Transcurrieron tres días y comenzaban a perder la esperanza de poder hablar con la ‘desaparecida’. Habían decidido darse dos días más antes de regresar a Madrid. Al fin y al cabo, habían resuelto el caso. Cuando estaban a punto de ir a comprar el billete de regreso, recibieron la llamada de Camiñas.

—Mañana a las 7 de la mañana en el convento.

Al día siguiente acudieron al convento a la hora concertada. Les recibió la Madre Superiora, a la que siguieron por un lóbrego pasillo hasta llegar a una humilde celda, con un modesto camastro de piedra y un lavabo antediluviano.

Sor Rocío hizo un gesto a Sor María Rosario, por lo que decidió quedarse.

—Ustedes dirán.

-Inspectora López e inspector Blanco. Fuimos los encargados del caso cuando usted decidió abandonar el mundo que está fuera de estas paredes. Nos gustaría saber, si usted considera oportuno decirlo, porqué una mujer con el futuro tan brillante, decidió dejar todo, sin ni siquiera comunicárselo a su familia.

Sor Rocío mira a su Superiora, quién le hace un gesto afirmativo.

Tras un rato de silencio, con el rostro embutido en dolor y una voz apenas audible comienza su relato.

—Salía con Manuel. López interrumpe a la monja. —¿Manuel Contreras?

—Sí. Estábamos planificando la boda, cuando descubrí que se acostaba con Lorena, Lorena Delgado, mi mejor amiga. En ese momento decidí romper nuestra relación. Se puso como una furia, me pegó y me violó. No se conformó con eso, también me amenazó de muerte, no solo a mí, también a mi familia si le dejaba o le denunciaba. Estaba tan aterrorizada que seguí con él. A consecuencia de la violación me quedé embarazada y me obligó a abortar. Esto último fue el detonante para mi decisión. En ese momento supe que si seguía junto a él acabaría muerta.

Por circunstancias que no vienen al caso, conocí este convento y decidí que mi vida estaba tras sus muros. A los tres días de mi ingreso, escribí a mi familia para tranquilizarles y decirles que ya les diría donde estaba. Transcurrido un mes les comuniqué mi paradero, obligándoles a jurar que jamás desvelarían donde estaba, ni siquiera si les preguntaba la policía.

Tras un largo rato de silencio, un silencio limpio, sereno, López retomó el diálogo.

—Muchas gracias sor Rocío. Supongo que sabe que debemos comunicar su paradero a nuestros superiores.

—Lo sé. Estoy preparada para ello. Ahora sé que imputarán a Manuel. Por favor, no lo hagan, no ratificaré estas palabras, negaré haberlas dicho. La ira con la que comencé mis días en este lugar ha desaparecido. Vivo en paz con Dios, conmigo, no necesito nada que me recuerde aquel horrible momento.

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