El binomio urbanismo + verde conlleva a una serie de actividades y prestaciones que benefician a la sociedad urbana pues el proceso urbanístico está creando problemas de contaminación, entorno insalubre, deterioro medioambiental y expolio de recursos naturales.

La naturación, como incorporación de la naturaleza a nuestro hábitat, es multifuncional (Briz J, Koehler M, De Felipe I. 2019) aportando mejoras en la calidad del aire, gestión del agua, integración social y facilitando negocios y empleo. Prestamos especial atención a dimensiones recreativas y comerciales sin olvidar otros aspectos importantes como son el cambio climático, el ahorro energético o la biodiversidad. Hay que considerar efectos directos e indirectos, a corto, medio y largo plazo.

En el escenario recreativo consideramos el impacto en la salud física y mental y en la vertebración social, facilitando las relaciones humanas, con un ámbito paisajístico positivo y trabajos en común de jardinería y agricultura urbana.

En el área comercial hay tanto impactos directos, como la creación de actividades lucrativas en huertos urbanos, produciendo alimentos y plantas ornamentales, como impactos indirectos, mediante ambientes atractivos para ubicar oficinas o lugares residenciales que se ven revalorizados tanto en el valor de la propiedad como en el alquiler de los mismos.

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El crecimiento urbano global ha generado problemas estructurales en la planificación de las ciudades: contaminación, fragmentación social, escasez de espacios públicos y pérdida de biodiversidad. Frente a esta realidad, el urbanismo verde surge como una alternativa centrada en el equilibrio entre desarrollo urbano y naturaleza. Esta corriente busca transformar las ciudades en sistemas vivos y resilientes, integrando infraestructuras naturales dentro del espacio construido (Beatley, 2011). 

Además del impacto ambiental positivo, el urbanismo verde tiene una dimensión funcional que permite usos recreativos y comerciales. Este trabajo explora cómo estos dos componentes pueden convivir armónicamente, creando espacios urbanos más inclusivos, activos y económicamente viables. A través de esta óptica se analizan experiencias exitosas y se reflexiona sobre las condiciones necesarias para una implementación equitativa y sostenible. 

El urbanismo verde se basa en el diseño urbano que prioriza la ecología urbana, el bienestar humano y la resiliencia ante el cambio climático (Newman & Jennings, 2008). Este modelo promueve la presencia de vegetación, la conexión entre ecosistemas urbanos, la movilidad sostenible y el uso eficiente del espacio público. Es una respuesta concreta al paradigma de la sostenibilidad urbana y al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ONU-Hábitat, 2016). 

Sus principales estrategias incluyen:  

  • Integración de vegetación en infraestructuras urbanas (techos verdes, jardines verticales).  
  • Preservación y regeneración de ecosistemas locales.  
  • Diseño de parques urbanos multifuncionales.  
  • Promoción de una economía circular y de proximidad.  
  • Participación ciudadana en la toma de decisiones urbanas.  

La clave está en diseñar espacios polivalentes que respondan simultáneamente a necesidades ecológicas, sociales y económicas. 

FUNCIÓN RECREATIVA DE LOS ESPACIOS VERDES URBANOS 

El componente recreativo es esencial en el urbanismo verde, ya que fomenta estilos de vida saludables y mejora la salud física y mental de la población urbana (Ulrich et al., 1991). Parques, corredores verdes, huertos comunitarios y senderos ecológicos permiten la práctica de actividades al aire libre, interacción social y acceso democrático a la naturaleza. 

Diversos estudios demuestran que la exposición regular a espacios verdes reduce el estrés, mejora el ánimo y fomenta relaciones comunitarias más sólidas (Kaplan & Kaplan, 1989). A nivel urbano, esto se traduce en mayor cohesión social, menor violencia y mejor percepción del espacio público. 

Ejemplos notables de integración recreativa:  

  • Madrid Rio: Renaturación del rio Manzanares, cubriendo el flujo de tráfico con una cubierta verde.  
  • High Line (Nueva York): parque elevado que reutiliza infraestructura ferroviaria para crear un espacio verde lineal con paseos, arte y descanso.  
  • Parque Biblioteca España (Medellín): combina espacios verdes, recreación, cultura y educación en una zona anteriormente marginada.  

Estos casos reflejan cómo el diseño recreativo de espacios verdes puede transformar realidades sociales y fortalecer el tejido urbano 

FUNCIÓN COMERCIAL DENTRO DEL URBANISMO VERDE  

La dimensión comercial del urbanismo verde no se opone a su carácter ecológico, sino que lo complementa. La actividad económica en estos espacios puede adoptar formas sostenibles y adaptadas al entorno natural: ferias ecológicas, mercados de productos locales, cafeterías al aire libre, comercio ambulante regulado o eventos culturales que dinamizan la economía del espacio público (Gehl, 2010). 

Desde una perspectiva de regeneración urbana, el comercio en áreas verdes puede:  

  • Impulsar el empleo local y el microemprendimiento.  
  • Estimular el turismo sostenible.  
  • Mejorar la seguridad mediante la activación constante del espacio.  
  • Financiar el mantenimiento del espacio verde mediante alianzas público-privadas.  
  • Atraer clientes en actividades económico-financieras 

Un ejemplo paradigmático es el Parque Madureira (Río de Janeiro), donde conviven espacios deportivos, culturales y comerciales, generando impacto social y económico positivo en una zona históricamente excluida. 

En el parque de El Retiro de Madrid se ha habilitado una zona para recreo de pacientes infantiles del hospital de proximidad. 

Sin embargo, se deben tomar precauciones para evitar la gentrificación ecológica (Checker, 2011), fenómeno por el cual la valorización del suelo urbano a partir de proyectos verdes termina desplazando a poblaciones vulnerables. La planificación debe incorporar criterios de justicia ambiental y social, garantizando el derecho de todos a permanecer y disfrutar del entorno verde. 

En la Habana Vieja se han realizado mejoras estructurales y de naturación urbana manteniendo el vecindario tradicional. 

RETOS Y OPORTUNIDADES  

La integración efectiva de funciones recreativas y comerciales en el urbanismo verde enfrenta desafíos técnicos, económicos y sociales: 

  • Mantenimiento: mantener la infraestructura verde requiere inversión y coordinación interinstitucional. 
  • Gestión inclusiva: es fundamental evitar que los espacios verdes se conviertan en enclaves elitistas.  
  • Participación ciudadana: se requiere la incorporación activa de comunidades locales en el diseño y gestión de estos espacios.  
  • Coherencia normativa: las regulaciones urbanas deben adaptarse a nuevos modelos mixtos de uso del suelo. 

Pese a estos obstáculos, las oportunidades son múltiples:  

  • Fomentar una economía urbana más resiliente, circular y basada en lo local.  
  • Transformar espacios residuales o abandonados en núcleos de vida urbana.  
  • Revalorizar el espacio público como eje estructural de la ciudad contemporánea. 

LA AGRICULTURA URBANA COMO EXPONENTE RECREATIVO Y COMERCIAL: CASO DE ESPAÑA  

La agricultura urbana se ha consolidado como una herramienta clave para promover ciudades sostenibles, resilientes e inclusivas, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda2030. Se entiende por agricultura urbana el conjunto de actividades agrícolas (producción vegetal, hortícola, apícola e incluso ganadera) que se desarrollan dentro del espacio urbano o periurbano, integrándose en el metabolismo de la ciudad. (Briz J, Koehler M, De Felipe I (2017) En España, este fenómeno ha cobrado un creciente interés en los últimos años, impulsado por factores como la necesidad de recuperación de espacios degradados, el fomento de la participación ciudadana y la mitigación del cambio climático. 

En el contexto español, la agricultura urbana ha evolucionado desde prácticas informales y familiares hacia modelos más organizados, institucionalizados y reconocidos por los ayuntamientos y comunidades autónomas. Se estima que existen más de 900 huertos urbanos activos en el territorio nacional, de los cuales aproximadamente un 70% están ubicados en grandes ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y Sevilla. 

En Barcelona, por ejemplo, se contabilizaban en 2022 un total de 177 huertos urbanos activos, organizados en redes como la Xarxa d’Horts Urbans Comunitaris de Barcelona. En Madrid, el programa de Huertos Urbanos Comunitarios ha autorizado más de 60 huertos en suelo público, gestionados por asociaciones vecinales y entidades sociales, con una superficie media de 400 m² por instalación (Ayuntamiento de Madrid, 2023). 

A nivel europeo, según datos del proyecto Urban Agriculture Europe (2015), el 25% de los hogares urbanos participan en algún tipo de actividad agrícola o hortícola urbana, siendo España uno de los países con crecimiento más acelerado, aunque aún por detrás de otros países como Alemania, Francia o Países Bajos en términos de superficie cultivada. 

BENEFICIOS SOCIOAMBIENTALES 

La agricultura urbana genera múltiples beneficios que van más allá de la producción de alimentos. Entre los principales impactos positivos destacan: 

  • Mejora ambiental: contribuye a la reducción del efecto isla de calor, la captación de CO₂, la gestión de residuos orgánicos (mediante compostaje) y el incremento de la biodiversidad urbana. Según la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona (2021) los huertos urbanos pueden reducir entre 1 y 2º C la temperatura local en zonas altamente urbanizadas. 
  • Función social y educativa: promueve la participación ciudadana, la integración intergeneracional, la inclusión de colectivos vulnerables y la educación ambiental. Un estudio de la Universidad de Zaragoza (González et al., 2021) encontró que el 87% de los participantes en huertos comunitarios mejoraron su bienestar emocional y social. 
  • Soberanía y seguridad alimentaria: aunque su capacidad de abastecimiento es limitada, la agricultura urbana contribuye a fortalecer la autonomía alimentaria local. En algunos barrios de Madrid y Sevilla, los huertos urbanos producen entre 50 y 100 kg de alimentos frescos por temporada, destinados principalmente al autoconsumo o a redes de economía solidaria. 
  • Recuperación del espacio urbano degradado: mediante la transformación de solares vacíos o abandonados en espacios productivos y de uso comunitario, favoreciendo la regeneración urbana y la cohesión territorial. 

MODELOS DE GESTIÓN  

En España, la regulación de la agricultura urbana está descentralizada y depende principalmente de los municipios. Algunas ciudades han incorporado estos espacios en sus planes de sostenibilidad urbana. Por ejemplo: 

  • Madrid: el Plan de Huertos Urbanos Comunitarios (2014-actualidad) regula el uso temporal de parcelas municipales y fomenta prácticas agroecológicas. Incluye manuales técnicos, criterios de adjudicación y seguimiento ambiental.  
  • Barcelona: a través del Pla Buits, el ayuntamiento cede solares públicos sin uso a entidades ciudadanas para su gestión agrícola. El Pla del Verd i la Biodiversitat 2020 incluye metas específicas sobre agricultura urbana y biodiversidad. 

Sin embargo, a nivel estatal no existe aún un marco legal específico para la agricultura urbana. Aunque la Agenda Urbana Española (2020) reconoce su valor estratégico, su desarrollo legislativo sigue siendo incipiente y con fuerte dependencia de iniciativas locales. 

Los modelos de gestión predominantes son los huertos comunitarios autogestionados, seguidos por huertos escolares, sociales y terapéuticos, en colaboración con ONG y servicios sociales. Los huertos productivos o comerciales aún tienen una presencia marginal, debido a la falta de incentivos y normativas claras. 

RETOS ACTUALES Y PERSPECTIVAS 

Pese a su avance, la agricultura urbana en España enfrenta importantes desafíos: 

  • Acceso al suelo y seguridad jurídica: muchos proyectos dependen de cesiones temporales que dificultan la planificación a largo plazo. La especulación inmobiliaria también limita la disponibilidad de suelos. 
  • Falta de financiación y recursos técnicos: la mayoría de los huertos se sostienen con recursos limitados, voluntariado y donaciones. Se requiere formación técnica en agroecología, gestión del suelo y planificación. 
  • Limitada institucionalización: la ausencia de políticas nacionales o autonómicas integrales impide el reconocimiento pleno de la agricultura urbana como parte de las estrategias de ordenación territorial y desarrollo rural-urbano. 
  • Infraestructura y agua: la escasez de infraestructuras hídricas sostenibles es un factor limitante, especialmente en ciudades del sur como Sevilla o Murcia, donde el estrés hídrico es elevado. 

No obstante, las perspectivas son favorables. La inclusión de la agricultura urbana en proyectos europeos como Urbact, FoodE o EdicitNet, así como los fondos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), ofrecen oportunidades de financiación y profesionalización. 

NATURACIÓN EN ALTURA: HUERTOS Y RESTAURANTES EN TERRAZAS 

La creciente preocupación por la sostenibilidad ambiental, la alimentación saludable y la eficiencia en el uso del espacio urbano ha dado lugar a nuevas formas de integrar la producción de alimentos y el consumo local en las ciudades. (Briz J, Koehler M, De Felipe I (2019). 

La urbanización acelerada ha generado una serie de desafíos relacionados con el abastecimiento de alimentos, la calidad del aire, el uso eficiente del espacio y el bienestar de la población. Frente a estos retos, han surgido iniciativas que promueven un modelo de ciudad más verde y resiliente. Una de ellas es el uso de terrazas como espacios multifuncionales que combinan la producción agrícola con actividades gastronómicas. Los huertos urbanos en terrazas, cuando se vinculan a restaurantes, permiten reducir la huella de carbono, promover circuitos cortos de comercialización y fomentar la conciencia ecológica. 

LOS HUERTOS Y RESTAURANTES EN TERRAZAS 

a agricultura urbana en terrazas no es un concepto nuevo, pero su relevancia ha crecido significativamente en los últimos años. Las terrazas ofrecen un espacio desaprovechado que puede convertirse en un pequeño ecosistema productivo. Estos huertos utilizan técnicas como el cultivo en camas elevadas, hidroponía y sistemas de compostaje cerrado. Además, contribuyen a reducir las islas de calor, mejorar la calidad del aire y captar agua de lluvia. 

La producción en terrazas está pensada principalmente para el autoconsumo o para abastecer negocios cercanos. En el caso de los restaurantes, esto representa una oportunidad para ofrecer ingredientes frescos, orgánicos y de producción local, alineándose con las preferencias de un público cada vez más consciente. 

El auge de los restaurantes en terrazas responde tanto a una demanda estética como funcional. Estos espacios no solo permiten aprovechar las vistas urbanas, sino que también ofrecen condiciones adecuadas para integrar huertos, crear ambientes más agradables y reducir costos en la adquisición de ciertos insumos. Al cultivar parte de sus ingredientes, los restaurantes pueden garantizar calidad, frescura y trazabilidad en su oferta culinaria. 

Asimismo, esta práctica puede ser un punto diferencial en el mercado gastronómico. El concepto de “del huerto al plato” refuerza la narrativa de sostenibilidad y autenticidad, clave para atraer a consumidores preocupados por el medio ambiente y la salud. Además, muchos restaurantes que incorporan huertos lo utilizan como herramienta educativa, ofreciendo talleres y visitas guiadas, lo que refuerza su vínculo con la comunidad. 

BENEFICIOS Y LIMITACIONES 

Los huertos y restaurantes en terrazas aportan beneficios significativos: 

  • Reducción de emisiones: Al disminuir el transporte de alimentos y aprovechar residuos orgánicos para compostaje.  
  • Educación ambiental: Fomentan el conocimiento sobre el ciclo de los alimentos y promueven hábitos sostenibles. 
  • Biodiversidad urbana: Aumentan la presencia de insectos polinizadores y crean microhábitats.  
  • Bienestar psicosocial: El contacto con la naturaleza mejora la salud mental y fortalece el sentido de comunidad. 

Además, estos proyectos pueden integrarse en programas públicos de regeneración urbana, desarrollo comunitario y políticas de alimentación sostenible.  

A pesar de sus beneficios, la implementación de huertos y restaurantes en terrazas enfrenta varios desafíos: 

  • Limitaciones estructurales: No todas las terrazas pueden soportar el peso de un huerto o cumplir con las normativas de seguridad.  
  • Costo inicial: La instalación y mantenimiento requieren inversión en infraestructura, riego y gestión técnica.  
  • Normativas locales: En muchas ciudades no existen regulaciones claras sobre el uso agrícola de azoteas o su articulación con negocios de hostelería.  
  • Conocimiento técnico: Se necesita formación especializada para garantizar una producción eficiente y segura. 

Estos retos requieren políticas públicas claras, incentivos económicos y una mayor sensibilización por parte de los actores involucrados. 

CONCLUSIONES 

El urbanismo verde, en su dimensión recreativa y comercial, constituye una respuesta integral a los retos urbanos del siglo XXI. Al articular naturaleza, sociedad y economía en un mismo espacio, se potencian los beneficios sociales, ambientales y económicos de manera sinérgica. Sin embargo, su éxito depende de una planificación inclusiva, intersectorial y centrada en las necesidades reales de las comunidades. 

Los proyectos que logran este equilibrio demuestran que es posible construir ciudades más justas, resilientes y humanas. Más allá de embellecer el entorno urbano, el urbanismo verde transforma la relación entre las personas y su ciudad, devolviendo el protagonismo al espacio público como lugar de vida, intercambio y equidad. 

BIBLIOGRAFÍA  

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Checker, M. (2011). Wiped Out by the “GreenWave”: Environmental gentrification and the paradoxical politics of urban sustainability. City & Society, 23(2), 210–229.  

Gehl, J. (2010). Cities for People. Island Press.  

Kaplan, R., & Kaplan, S. (1989). The Experience of Nature: A Psychological Perspective. Cambridge University Press.  

Mok, H. F., Williamson, V. G., Grove, J. R., Burry, K., Barker, S. F., & Hamilton, A. J. (2014). “Strawberry fields forever? Urban agriculture in developed countries: A review.” Agronomy for Sustainable Development, 34(1), 21–43.  

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Observatorio de Huertos Urbanos (2023). Informe anual sobre agricultura urbana en España. Fundación Biodiversidad.  

ONU-Hábitat Objetivos de Desarrollo Sostenible 2016  

Ulrich, R. S., Simons, R. F., Losito, B. D., Fiorito, E., Miles, M. A., & Zelson, M. (1991). Stress recovery during exposure to natural and urban environments. Journal of Environmental Psychology, 11(3), 201–230.  

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