A lo largo de su vida adulta, las mujeres experimentan cambios fisiológicos —desde el ciclo menstrual hasta la menopausia— que condicionan su metabolismo, sus necesidades nutricionales y su relación con la alimentación. Fluctuaciones hormonales en estrógenos y progesterona influyen directamente en el apetito, la sensibilidad a la insulina, la retención de líquidos y los niveles de energía. A esto se suman situaciones frecuentes como el síndrome premenstrual, el ovario poliquístico o la endometriosis, que comparten mecanismos basados en la inflamación y el desequilibrio hormonal.
La evidencia científica señala que nutrientes como el hierro, los folatos, el magnesio, la vitamina D, los omega-3 y las proteínas desempeñan un papel esencial en la regulación hormonal, la salud ósea y el equilibrio metabólico. Por ello, las recomendaciones nutricionales deben adaptarse a cada fase: desde gestionar el aumento de apetito en la fase lútea, hasta asegurar un aporte adecuado de folatos en usuarias de anticonceptivos, o reforzar proteínas, vitamina D y calcio durante la transición menopáusica.
Este artículo sintetiza de forma práctica y rigurosa cómo ajustar la alimentación en cada etapa, con especial énfasis en patrones de calidad como la dieta mediterránea, para promover el bienestar, la salud metabólica y la calidad de vida de la mujer.